Antes y después de ser instructora de yoga he sido muchas cosas. Incluso hoy en día, cuando alguien me pregunta en qué trabajo, no tengo claro qué responder y trasteo dando diferentes respuestas, como probando yo misma en qué palabras nado más a gusto con la vida. Doy masajes al alma, invento palabras y refranes, guío en el camino de vuelta al cuerpo y soy desordena-dora profesional de armarios y cajones varios.

Además, la instrucción en yoga la vivo como una bendición, un regalo, y desde luego mi trabajo no es tanto la enseñanza como el compartir de la práctica. Y del compartir, en algunas ocasiones, alguna persona hace algún descubrimiento, obtiene algún aprendizaje. No tanto por mí papel como instructora como por los pasos que dio hasta llegar a él. Cuando eso sucede, un pequeño haz de luz se deja ver en sus ojos, y deja de manifiesto que todo lo que hacemos suma.


Hoy no es 8 de marzo, pero cada día es el día de la mujer trabajadora porque cada día damos cuenta de la búsqueda de los mismos derechos y responsabilidades entre el hombre y la mujer, en todos los ámbitos de cualquier sociedad. En mi extraña historia personal, la vida laboral comenzó el verano en que cumplí 16 años. A pesar de ser 5 hermanos en esos momentos, en mi casa afortunadamente nunca nos faltó de nada. Mi madre y su marido han sido enormemente trabajadores y tan humildes como sacrificados. Así que mi motivación para empezar a trabajar a la edad de 15 años no fue tanto la necesidad como las ganas irrefrenables de salir al mundo, y huir, a veces, de situaciones que hacían sentir amenazada mi libertad.

Después no he dejado nunca de trabajar, mientras estudiaba una carrera, aún en varios trabajos a la vez. En Torredembarra he limpiado retretes y amasado pan, en París he enseñado meditación y yoga, en Barcelona he vuelto a ser camarera, pintora, técnico reparador de bicicletas y maniquí del mismo Llongueras, en Madrid he vendido palomitas en el circo, por el placer de ver a los magos desde la pista, servido cócteles y hamburguesas, dirigido eventos pequeños y grandes, dado charlas, otra vez los baños y el arte y sus galerías, y hasta fui el doble del culo de una conocida actriz en una película de cuyo nombre no voy a acordarme. En los 15 años de historia laboral que celebro este año, he pasado por más de 100 empleos que me han enseñado 3 cosas que quiero compartir hoy contigo:

1. Cualquier empleo es alimento para el alma, mientras te permita mantener tu coherencia interna. Cualquiera que sea tu trabajo, presente o pasado, es digno de ti si sabes ser sincero con lo que te enseña. Ten siempre una palabra amable en los labios, y una sonrisa fácil, porque el maestro siempre está delante. Disfrútalo. No temas porque nada te falta, mientras tengas la tierra bajo los pies y el cielo sobre la cabeza. Todo va a salir bien.

2. El dinero vale lo que le cuesta a tu tiempo y a tu calidad de vida. Elige bien la manera en la que deseas “vivir la vida”, no “ganar la vida”. La vida es un regalo maravilloso y breve. No dejes que pasen los años sin haber comenzado a vivir, pues ni todo el oro del mundo puede comprar tu tiempo y salud.

3. No olvides que es un juego. Cuando eras pequeño, seguramente jugaste a las profesiones. El tiempo pasó deprisa y sin darte cuenta ya te has plantado en la madurez demasiado seguro de tu propia identidad como para darte cuenta de que dentro de ti hay un niño o una niña atento a tus pasos, hambriento de juego. Recuerda que “la creatividad es la inteligencia divirtiéndose”. Da paso a una nueva etapa desde este momento, en la que todo tenga el sentido original: lo hacías porque te hacía feliz.

Como nos revela Salvador Dalí en este maravilloso vídeo (click aquí), y subraya David Testal en sus Cuadernos, “No negarse a ser nada…” es Vivir la vida, es hacerla tuya y nuestra, es seguir creciendo con ella cada día.

Durante un trabajo como modelo "Oso" en una galería de arte. Barcelona, 2012.

Durante un trabajo como modelo “Oso” en una galería de arte. Barcelona, 2012. 🙂

“Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna.”

– Willam Blake