Un viaje por el yoga.

En el año 2015 fui invitada a participar en el III Congreso de Yoga del Mediterráneo como ponente. Ofrecí la charla “Del ego a la alegría. Un viaje por el yoga”, un canto íntimo en el que intento dar las claves de lo que representa el desapego (vairagya), y la desidentificación del sufrimiento. La elección de vivir conscientemente y conectado con la alegría es un acto de comprensión (asanka) y de renuncia a las ataduras del mundo.

Cuando sea necesario, hay que devolver la mirada a la infancia con amor y gratitud por la luz infinita que ha volcado sobre el entendimiento del presente. Vivir en paz con el presente es emprender el camino de la trascendencia del ego.

Cuando me encontré hablando a aquellos nuevos conocidos con el material de mi propia historia, sentí que todo tendría sentido si podía impulsar a alguien a dar un paso al frente en su vida, hacia su propia realización.

En ese camino en el que nos encontramos estamos aprendiendo a abandonar el miedo, que es la ausencia de amor. Cada persona que te encuentras en tu vida está ahí para encarnar al maestro. Las enseñanzas del yoga te enseñan que no somos el sujeto agente, las cosas suceden de todos modos sin previo aviso. La vida va más allá de lo que podemos entender o controlar, es una fuente de magia que se desborda a veces con belleza. Tener confianza en que la tierra provee es desapego.

Vive tu vida sin ataduras y hazlo con alegría.


Ver: Vídeo de la ponencia presentada en el III Congreso de Yoga del Mediterráneo.


TEXTO DE LA CHARLA:

“Buenas tardes,

Seré breve en mi presentación esta tarde. Procuraré no acelerarme. Estar aquí es un reto. Me refiero “aquí” en general, en la vida, es un reto. Pero por supuesto estar aquí, en este momento frente a vosotros, también lo es. Cualquier reto es aprendizaje positivo. El verdadero aprendizaje es vivencial e inconsciente, no racional y consciente. Sólo el 10% de lo que va a ocurrir en tu vida es consciente. Hay un 90% latente en ti que está continuamente activo en un plano inconsciente. Hoy vamos a introducir ese elemento nuevo. La mayoría de los aquí presentes, somos profesores de yoga, practicantes, curiosos o enamorados. Así que si me queréis ayudar, os voy a pedir que cerremos todos los ojos. Vamos a inspirar calma, luz, y espirar amor, alegría. Gracias por haber venido y querer compartir.

Cualquiera de los que habéis venido, podríais estar hablando, transmitiendo una idea o experiencia única y de valor. En mi caso, soy una persona tímida, lo he temido y soñado a pares, pero tengo una oportunidad, y he venido a compartir. Tengo el propósito de comunicar una experiencia vital humana. A medida que os lo comparto, me permito soltarlo. Estos minutos de divagaciones, no tienen mayor alcance que el de compartir si acaso importa una historia individual. Y, desde esa misma separación del ego, de cómo la ciencia del yoga, ha podido transformarla en una experiencia de lo universal.

Desde los límites que me hacen fuerte, no prometo hacer a nadie más feliz, ni más sabio, pero después de hoy sé que no volveré a ser la misma, y vosotros, no saldréis sintiéndoos igual. No quiero aburrir a nadie, así es que voy a empezar por donde empiezan muy pocas historias: por el final. Me llamo María, hay quienes se animan a llamarme Vidya, pero tú si te cruzas conmigo esta tarde, o mañana, puedes llamarme como quieras. Creo que ningún ser humano se identifica con el nombre que le ha sido dado, sino con la forma en que le hace sentir. Pero después volveremos sobre eso…

Trabajar, trabajo de muchas maneras. Enseño yoga en viajes, doy apoyo a una universidad, estudio y escribo de técnicas de respiración, y relajación, para hacer la teoría del yoga más accesible a cualquiera. Y… Este año 2015 se hacen dos años desde que fundásemos la plataforma BESANGHA YOGA. Una comunidad de profesionales del yoga desde la que organizamos días de yoga, a favor de una sociedad más amorosa, sin miedo a la felicidad. Más unida. La semilla del yoga llegó a esta vida que he vivido a través de la persona que más dolor y más tristeza me ha hecho sentir. Esto te hace entender que el mismo problema, te da la solución. Siempre se da así. Uno puede observar el problema por el que se siente acosado, desapegarse de él, y desde la serenidad de la distancia, comprender, que uno no es el problema. Que la capacidad del ser humano, se mide en su capacidad de auto-superación, de aprendizaje continuo, de asimilación y reconocimiento de su propio ser de luz. Todos somos seres de luz. Esta persona, a quién le estoy agradecida e invité a estar aquí hoy, es mi padre. Nací en un núcleo familiar donde la violencia física, y verbal, “estaban” a la orden del día. Enfatizo “estaban” porque dejó de ser así, y creo que todos, tenemos la necesidad y el derecho de ser perdonados y de perdonar. Teniendo no más de 12 años, tenía tanto miedo de la gente, que iba con mi gorra puesta, ocultándome tras la visera, a cualquier hora, dentro y fuera de casa. No era capaz de hablar con otra persona porque proyectar la voz, requiere mucha energía, y toda mi energía estaba canalizada en sobrevivir al terror que sentía. No quiero profundizar en la experiencia de la violencia, la humillación, la pobreza de espíritu que se vive en una situación de abuso doméstico. No es necesario. Pero nadie deberíamos permitir que ocurra.

Entonces sufría porque me aferraba a mi identidad, víctima de la vida. Yo había elegido ser una superviviente, antes de darme cuenta de que tenía que convertirme en un ser viviente. Han pasado muchos años, muchos ángeles, muchos viajes. A la vuelta de un viaje, con veinte años, mi cuerpo se sentía viejo, y quiso bajarse del tren sin avisar. Mientras dormía, experimenté una convulsión epiléptica y me desperté con dos médicos sentados a los pies de la cama, empapada de mis propios fluidos, saliva y sangre manchaban las sábanas. Esa noche entendí que todo cuanto se desea, con sinceridad en el corazón, se hace realidad. Bueno o malo, deseé profundamente renunciar a la vida y empezar de nuevo. Sin ser consciente de nada, pero con una sabiduría que me guiaba desde la intuición, el mismo día en que fui dada de alta, todavía afásica, tomé un diccionario de la lengua entre las manos, y comencé a leerlo desde el principio. Acepté que la vida quería mantenerme así, en un estado permanente de asombro. Con el diagnóstico temprano de un aneurisma cerebral, y la constante probabilidad de una nueva crisis de epilepsia, o un derrame cerebral, elegí el camino de “ser la arquitecta del destino”.

Llevar la contraria por norma, no es el camino más inteligente, no es el más prudente, era lo que sabía que quería hacer. Terminé los estudios, vendí lo que tenía y viajé a India. Me sentía abandonada por Dios y en un país con miles de Dioses, estaba segura de poder encontrarme cara a cara con al menos uno. Deciros que conocí a Dios en ese viaje, no os serviría de nada, así que no os lo voy a decir. Dios no está de vacaciones en India. Pero es verdad que me regaló al menos un secreto. Un secreto es tal cosa porque se elige las personas con las que se comparte. Dios, él o ella, me hizo tres preguntas (cierra los ojos, por favor):
¿Estás aquí? ¿Estás sintiendo que estás aquí? Si estás aquí, y sientes que estás aquí, aquí viene la tercera pregunta, ¿estás dándolo todo?

Comprenderás que es difícil construir una identidad resistente a todo. Un ego que te haga diferente a lo que ves y no te gusta de lo demás. Y ahora te pido que disuelvas esa diferencia. Si hablamos de felicidad, toda la felicidad se encuentra en conectar con la fuente. La fuente es el amor incondicional. Un estado de amor incondicional con todo, sin resistencias, es una colaboración con el destino. Cualquier pensamiento que te aleje de la alegría es una resistencia. Cuando asistes a una clase de yoga, nunca es el profesor quien te enseña. El maestro es la vivencia de la práctica. El profesor es una persona que ha recorrido un camino, a veces largo, para postrarse frente a ti porque reconoce en ti a Dios. Alguien que siente el profundo anhelo de despertar en ti la llama del amor. Más allá de eso, todo lo que puedes aprender, lo llevas puesto. Todo está más allá de tu inteligencia, más allá mucho más de tus éxitos y tus fracasos. Tu sabiduría está solamente al alcance del corazón.

De esta experiencia humana, sólo puedo compartiros que no he sufrido, ni vivido más que ninguno de los aquí presentes. Pero sé con certeza que soy capaz de vivirlo casi todo. Lo sé. Sé que todos los que estáis aquí hoy, sois capaces de vivirlo todo. Lo sé porque soy un ser humano que ama. La felicidad es el secreto. La alegría es la muerte del ego. El que renuncia a la experiencia de una identidad separada, se abraza a la felicidad. La felicidad ya está dentro de ti, sólo hay que soltar lo que no necesitas llevar en el corazón. Eres un ser pleno, perfecto tal y como has sido creado. Eres amor en movimiento.

Te voy a pedir un último favor. ¿Puedes ponerte de pie? Cierra los ojos. Inspira, llénate de luz. Espira paz.. MÁS DE LO QUE CREES DEPENDE DE TI. Abre los ojos. Quiero que mires a los ojos a las personas que tienes a tu alrededor. Que los toques, los abraces… ¿Lo ves? Tu presencia impulsa a los demás. Tú cambias la energía de lo que pasa. No estás sólo. No estás sola. Qué hay más valioso que estar vivo y estar preparado para vivirlo todo. Te voy a hacer tres preguntas:

¿Estás aquí? ¿Estás sintiendo que estás aquí? Si estás aquí, y sientes que estás aquí, ¿estás dándolo todo?

Muchas gracias.”


“Que yo fui el arquitecto de mi propio destino

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”

  • Amado Nervo, poeta.