A menudo, antes de abrir una sesión de asanas (posturas de Yoga, en sánscrito) tu profesor te preguntará qué tal estás, cómo estás durmiendo últimamente, qué sientes al despertar. Preguntas en apariencia sencillas todas ellas, pero que esconden su complejidad en el patrón de pensamiento que suscitan. Del mismo modo que lo harías durante la práctica, realiza ahora un ejercicio de autovigilancia. Vamos a desenmascarar el significado creativo del estrés.


Cierta dosis de estrés prepara tu cuerpo para afrontar una situación novedosa, incrementando tus capacidades, proporcionándote nuevas perspectivas y mejorando tu eficacia. No obstante, ten presente que aprender a relajarse es tan necesario como el tiempo que dedicamos a trabajar. La emoción del estrés nos sobreviene cuando creemos que está en riesgo la felicidad. Hay quien afirma incluso que se siente estresado al despertar.

La popularidad in crescendo de la preocupación que levanta el concepto del estrés ha llevado a confusión sobre su significado profundo, y a menudo a un exceso en su patologización. Se hace conveniente nombrar los tres tipos conocidos de estrés, de cara a identificar sus síntomas, duración y el enfoque para tratarlos:

En primer lugar, el tipo agudo es la forma más común con que se manifiesta el estrés. Como un eco del pasado, se presenta recordando las exigencias y presiones que sentimos alguna vez, así como las del futuro cercano. Se convierte en una emoción estimulante en pequeñas dosis, pero si se adopta como una costumbre puede derivar en dolores de cabeza tensionales (incluyendo dolor de espalda alta y mandíbula), malestar estomacal (acidez, diarrea, estreñimiento, síndrome del intestino irritable) y otros síntomas de agonía psicológica (irritabilidad, depresión, ansiedad). Su durabilidad a corto plazo no genera los daños ocasionados por el estrés a largo plazo si bien deriva puntualmente en una elevación de la presión sanguínea que causa presión en el pecho, dificultad para respirar, ritmo cardíaco acelerado o migrañas, entre otros. El Yoga respondería ante un tipo de estrés agudo con técnicas de meditación y de atención plena que permitan que el practicante aprenda a dejar de proyectarse en el pasado cercano y en el futuro próximo.

El segundo tipo, el estrés agudo episódico, se manifiesta en un carácter irritable permanente (a menudo confundido con hostilidad racionalizada, equivocadamente), ansioso, y con alto nivel de energía nerviosa. Los cardiólogos Meter Friedman y Ray Rosenman identifican el tipo de personalidad “A” como un caso similar al del estrés agudo episódico extremo, con mayor propensión a experimentar problemas cardíacos. Una segunda característica de esta personalidad se asocia con una inseguridad bien arraigada. Esto hace pensar en una personalidad que aparenta hostilidad y enfado cuando en profundidad se hace necesario trabajar y desmontar la ansiedad y la depresión. Los síntomas del estrés agudo episódico se manifiestan en forma de dolores de cabeza tensos y persistentes, hipertensión y enfermedades coronarias. A menudo el estilo de vida y los rasgos de personalidad están tan arraigados que el trabajo sobre los patrones de interacción con los demás, y sobre su forma de percibir el mundo como un lugar hostil, requieren un tratamiento prolongado.

El tercer y último tipo recibe el nombre de estrés crónico, el estrés sufrido por largos periodos de tiempo en situaciones extremas y ante presiones implacables. Algunas experiencias traumáticas vividas durante la infancia pueden llegar a interiorizarse y mantenerse presentes si no llegan a llevarse a la luz de la conciencia. Si no se identifica y trabaja, el sistema de creencias de la persona que padece estrés crónico puede desgastar el sistema nervioso fatalmente. Siempre es posible la recuperación, aunque en casos como este requiere el autoexamen activo, a menudo con ayuda de un profesional.


A sabiendas de la existencia de tres tipologías de estrés, y a su vez, de distintos grados de severidad, respira hondo y pregúntate cuántas veces al día actúas desde el estrés. Ten presente que de manera equilibrada la presencia del estrés no siempre deviene en consecuencias negativas, puede suceder que se convierta en una oportunidad positiva para poner en funcionamiento nuevas herramientas personales, mejorando así la seguridad en ti mismo (autoestima) e incrementando las posibilidades de éxito ante nuevos retos. La idea que me gustaría hacerte llegar es que ya eres absolutamente excepcional. No hace falta que sigas esforzándote por conseguirlo, tu alma es extraordinaria. Disuelve todas las metas, empieza a reconocerlo desde ahora.

“Nacer es un proceso heroico.” – Ramiro Calle