El pasado sábado 19 de septiembre fui invitada a exponer la charla “Yoga en la oficina” en el contexto de la primera jornada Samastah para el bienestar integral, celebrado en Espacio Abierto (Madrid). Hoy es una suerte poder compartir contigo el contenido de esa intervención, esperando que puedas descubrir en ella alguna palabra, algún pequeño truco, que te acompañe en tu camino hacia la salud.



Versión en texto: “Yoga en la oficina”.

“Namasté. Quiero comenzar ofreciendo un pequeño truco práctico que lo único que requiere es lo siguiente. Rápidamente, antes de que cambies de postura, quiero que revises cómo está tu cuerpo, qué estás haciendo con él en este momento. No te muevas. Observa.

Veamos, ¿cuántos de los que estáis aquí estáis encorvados hacia delante? ¿Cuántos de vosotros tenéis las piernas o los brazos cruzados? ¿Cuántos tenéis fruncido el ceño? ¿O la mandíbula prieta? Como probablemente sepáis, eso que hacemos con el cuerpo, incluso cuando la mente no presta atención, es lenguaje, es co-mu-ni-ca-ción. Tu cuerpo está siempre comunicándose contigo.

Con herramientas externas como la psicología o la sociología puedes aprender a leerlo, pero es incluso más interesante que aprendas a sentirlo. Claro que tu cuerpo está también comunicándose todo el tiempo con los otros cuerpos que hay en esta sala. Cuerpos que se atraen, que ocupan el espacio de otros cuerpos, cuerpos que se repelen, o se buscan.

La psicología social nos habla de las relaciones de poder que se establecen en cualquier situación. Esto incluye por supuesto, el ámbito de una oficina. Es algo circunstancial, temporal incluso, pero a la vez universal en todo el reino animal. Si en este momento te estás sintiendo importante, seguro de ti, se habla de expansión, de crecimiento, dilatación y apertura. Por el contrario, si te sientes estresado e impotente, inferior, probablemente cierres tu cuerpo (como lo hace una flor), te envuelvas, te protejas y te hagas pequeño.

El cuerpo tiene su propia inteligencia, sin hablar, comprendemos la postura corporal del otro y la complementamos. Esto no significa que la imitemos, sino que ante una persona excesivamente poderosa, nos intimidamos. Es algo común. En el trabajo puede darse la circunstancia natural de tener que enfrentarte a una situación que te intimida o despierta el fantasma del estrés: exponer un proyecto, dirigir una reunión, aportar una idea en principio arriesgada. En fin, son situaciones socialmente exigentes. Y aquí viene el truco, realmente, ¿puede la simulación llevarte a la realización? No me refiero a parecer feliz, para que los demás crean que lo somos. No. Me estoy refiriendo a intentar parecer felices para ser felices. Sabemos que el lenguaje no verbal determina la opinión que los demás perciben de nosotros, pero ¿puede afectar tu lenguaje corporal a lo que tú crees de ti mismo, o misma?

¿Puede tu cuerpo cambiar a tu mente? ¿Quién está al servicio de quién?

Os preguntaréis qué tiene que ver todo esto con el Yoga. Pues es muchísimo: la ciencia milenaria del Yoga responde a esta pregunta. La respuesta es un sí rotundo. Enseñar el cuerpo, enseñar tu respiración, cambia tu mente. Cambiar tu mente, cambia tu comportamiento. Cambiar tu comportamiento, cambia tus resultados. Practicar Yoga te enseña que el cuerpo es bidireccional.

Hagamos la prueba, volviendo a tu cuerpo: Apoya ambas plantas de los pies completamente en el suelo, siente su estabilidad. La confianza tremenda que te transmite tener todo un planeta sosteniéndote bajo tus pies. Busca ahora la máxima elongación de la columna, como si tuvieras un hilo invisible que te conecta con el centro del Universo en la coronilla, y te conecta con el centro de la Tierra en la base. Alarga tu columna, eso es. Haz una rotación con los dos hombros hacia arriba y hacia atrás. Junta los omóplatos por detrás de la espalda. Saca pecho, abre el corazón, orgulloso de la luz que llevas dentro. Mete el mentón suavemente hacia el pecho, y sonríe. ¡Sonríe más!

¿Qué ha cambiado? El Yoga interviene introduciendo pequeños cambios con grandes consecuencias en el desarrollo de la vida diaria. Te enseña a hablarte a ti mismo desde el respeto, desde el cariño, y a utilizar el lenguaje sutil de tu cuerpo para decirle a tu mente cómo debe comportarse. Es importante saber que una mente disciplinada, es fiel a tus necesidades reales. Una mente indisciplinada es fiel, igualmente, pero a tus necesidades imaginarias.

No se trata de ganar poder, que oye fantástico, nunca está de más, y probablemente llegue, pero es secundario. Esto se trata de adquirir presencia. PRESENCIA es llevar a la luz de la conciencia aquello que eres.

El Yoga es el método más antiguo del mundo para el saludable control de la mente, a través del cuerpo. En el trabajo, unos cuantos minutos de práctica diaria son suficientes para hacer realidad este control. Yoga, del término sánscrito “yuj” significa ante todo unión. Unidad del cuerpo y la mente en la voluntad del espíritu, pero también con todo cuanto existe en el Universo. Yoga es calma de las ondulaciones de la mente. La calma mental necesaria, porque sin ella las situaciones nuevas se vivencian desde la intranquilidad. Sólo de la práctica nace una mente menos confusa y más sensible. Entonces se descubre maravillosamente que hay una parte de uno mismo que no tiene por qué estar encadenada al ritmo frenético de las actividades cotidianas. Renunciar diariamente unos minutos a la actividad mental no detiene el mundo, y sin embargo, se retorna a él con una infinita tranquilidad y una poderosa vitalidad nueva. Incluso en situaciones dolorosas en las que el ego, o el apego, juegan a agitar la mente, aprender a estar, a respirar y sumergirnos en nosotros mismos, nos ayuda a silenciar el espacio mental y nos libera de pensamientos inservibles. Una mente silenciosa es el mejor espejo de la naturaleza real del ser humano. No es fácil llegar a ella. Atrás han quedado los días en los que una gran parte de la población trabajaba con las herramientas de sus cuerpos en el campo, en condiciones duras, pero respirando aire limpio al fin y al cabo, absorbiendo de manera natural vitamina D del sol. Los ambientes de trabajo cerrados, la comida rápida, agravan el estado de salud. Como profesora de Yoga, identifico las tensiones físicas y mentales y las clasifico en tres grandes familias, estas son:

Por favor, levantad la mano los médicos y enfermeros (personal sanitario) que habéis venido hoy. ¿Cuántos dependientes de comercio o personal de hostelería? ¿Cuántos profesores? Todos nosotros, conformamos el primer grupo de profesionales: los que trabajamos de pie. Nosotros podemos padecer dolor lumbar, episodios de mareo, dolor discontinuo en las rodillas o caderas, tensión cervical o pies hinchados.

El segundo gran grupo lo conforman aquellas personas que trabajan largas jornadas, cinco días a la semana, pegados a la pantalla de un ordenador: son las personas que trabajan sentadas. (En clase es fácil identificarlos porque están así.) Este grupo se identifica con dolencias físicas como el dolor de cabeza, tensión cervical, síndrome del túnel carpiano, la indigestión o bien, la falta de apetito, aunque también el aumento de peso, la pérdida acelerada de visión, o la mala circulación sanguínea.

Por último tenemos a los viajeros, el tercer gran grupo: ellos y ellas son personas que por motivos laborales cambian de ciudad, o incluso de país, a menudo. Forzando su biorritmo a continuos cambios, alterado por horarios irregulares en las comidas y las horas de descanso. Ellos pueden padecer fatiga crónica, indigestión o deshidratación, piel seca, irritabilidad, falta de concentración, estrés postural o rigidez en las articulaciones. Como estilo de vida, el Yoga plantea soluciones prácticas, adaptables a la rutina laboral.

  • Todos, pero especialmente el primer grupo, los que trabajamos de pie, tenemos que empezar el día estirándonos. Con los pies juntos. Inhalando profundamente mientras levantamos los brazos por encima de la cabeza. Mirando hacia arriba. Repitiendo este movimiento a lo largo del día las veces que el cuerpo nos lo pida.
  • A continuación, hacemos rotaciones amplias con los hombros. Varias veces, inhalando al elevarlos y soltando el aire al bajarlos.
  • Después nos damos un buen abrazo a nosotros mismos. Y respiramos profundamente, expandiendo el abdomen al inhalar, y metiendo el ombligo contra la espalda baja al exhalar.
  • De nuevo todos, pero especialmente el segundo grupo (aquellos que trabajan sentados), relajará la tensión ocular frotando las palmas de las manos entre sí, y colocándolas al menos un minuto encima de los ojos. Sin presión.
  • Después con el mentón en paralelo al suelo, hombros lejos de las orejas, haremos movimientos alternos de ojos, mirando hacia la derecha, hacia la izquierda, arriba, abajo, en diagonal arriba a la izquierda, en diagonal abajo a la derecha, en diagonal arriba a la derecha, en diagonal abajo a la izquierda. Después, parpadeando, los ojos recuperarán la humedad perdida.
  • Por último el tercer grupo, los viajeros, pueden incorporar diez o quince minutos de meditación diarios. Se conocen numerosas técnicas de meditación. Entre otras, Vipassana, el Tratak, la observación en el silencio, y la concentración en cualquiera de los chakras.

Vamos a unirnos a los viajeros terminando esta charla en meditación, unos minutos todos juntos: Nos ponemos de pie, cierra los ojos, inhala luz, exhala amor. Nos sentamos, con esa conciencia del cuerpo recién adquirida. Cierra los ojos y respira, relaja todos los músculos del cuerpo. Espira y aleja los hombros de las orejas. No permitas que la mente divague, conviértete en el observador de tu proceso mental.

Para ello, date cuenta de que mientras hablo hago pequeñas pausas entre cada palabra. Tu pensamiento actúa igual. Por pequeños que sean estos silencios, obsérvalos y luego, trata de alargarlos tanto como sea posible. Ese espacio de pausa entre un pensamiento y el siguiente, te permite conectar con lo que de verdad eres, con tu luz. Lleva tu atención al entrecejo y concéntrate en ese punto de luz, y permanece en silencio, observando tu respiración durante los próximos minutos.

Om, om, om. (Abrimos los ojos).

El Yoga te enseña que tu cuerpo cambia tu mente, que tu mente cambia tu comportamiento y finalmente, que tu comportamiento cambia tus resultados. Incorporar los beneficios del Yoga al entorno laboral aportan contento interno, visión clara y energía correcta no sólo para tener sino sobretodo para ser esa mejor versión de ti mismo que llevas trabajando tanto tiempo y se te da muy bien.

Muchas gracias.”