A menudo enfocamos la práctica de yoga como un ejercicio metabólicamente exigente olvidándonos del sentido de sanación que mantiene en origen. Cuando se orienta la práctica de una manera suave, ausente de competición, el yoga nos nutre desde el interior de una manera profunda. Nos abre a las emociones y la fatiga mental, y permite que el cuerpo se regenere a sí mismo.


Personalmente, durante años, he practicado una disciplina físicamente excesiva, perdiendo la motivación de un yoga familiar a la naturaleza de las emociones. Mi experiencia directa con las posturas reconstituyentes, gracias a la doctrina de Marta R. Mahou, Montse Cob y Donna Farhi, y la lectura de los textos de Judith Lasater, Mary Stewart, y Roger Cole, entre otros, me inspira a reconocer en el “aprender a quedarse quieto” un auténtico reto.

“Es la lluvia fina la que nos empapa.”

– Madame de Sévigné.

Considera tu propia práctica como un experimento que estás llevando a cabo con los instrumentos más delicados y potentes de los que dispones: tu propio cuerpo, tu respiración y tu mente.

En la “relajación activa”, como también es llamado el yoga reconstituyente, el cuerpo físico flota alternativamente entre accesorios que ayudan a recuperar la sensación de “centralidad” y equilibrio. La respuesta fisiológica que se obtiene ayuda a reducir los efectos de enfermedades relacionadas con el estrés. El entorno que proporcionan dichos accesorios ayuda a cambiar la relación de las piernas y los brazos con la gravedad, mejorando asimismo el funcionamiento del corazón.

Para los asanas pasivos o posturas reconstituyentes se requieren unos pocos accesorios clasificados según su uso: accesorios para permanecer tumbado (manta, esterilla, bloque y almohadón cilíndrico -también llamado bolster-), accesorios para sostener el cuerpo (cinturón, venda y bolsa de arena), y accesorios para recostar el cuerpo (silla, pomo, mesa y pared).

Conviene avanzar en la práctica con el apoyo de un profesor en el que confíes, pero como siempre, recuerda que no hay mayor autoridad sobre tu cuerpo que tus propias sensaciones. Tómate el tiempo que necesites para entrar, permanecer o salir de cualquier postura en base a la autoescucha. En definitiva, las posturas reconstituyentes como cualquier otra corriente del yoga, cultivan el hábito de la verdadera atención.

Comprobarás que la quietud externa es sólo el principio. El silencio de los movimientos superficiales del cuerpo va seguido de la observación del paisaje interior. Se descubre que en la aparente quietud del cuerpo nada permanece inmóvil a la observación. Aún así, sutiles capas de tensión se desvanecen mientras se deja paso al aprendizaje de la atención.